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miércoles, 30 de mayo de 2012

María Rachid, una entrevista imperdible


María Rachid

María Rachid. Tiene 37 años, nació en Mercedes, pasó un tiempo en Estados Unidos y hace 15 años que vive en Congreso, es inteligente y mandona, cabeza dura, políticamente hábil y muy buena persona. Cuando está convencida de algo, no se rinde, y hace un siglo, o sea, hace seis años, estaba convencida de que Argentina sería el primer país de Latinoamérica que legalizaría el matrimonio gay, que todavía no se llamaba “igualitario”. Tuvo la capacidad de conducir —mientras ayudaba a construir— una articulación nacional de organizaciones LGBT que no duró diez días ni se transformó en un sello vacío, como había pasado con otras: la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, de la que fue presidenta. Lideró la campaña por el matrimonio igualitario, fue vicepresidenta del INADI y ahora es diputada porteña por el kirchnerismo.


La primera tentación, al presentar una entrevista con vos, es decir que sos “la primera legisladora homosexual de Buenos Aires”, pero sería mentira. Recuerdo a por lo menos un legislador gay o una legisladora lesbiana en cada composición de la Legislatura. Y hoy mismo, vos y yo sabemos que no sos la única. ¿Por qué los demás están en el armario?
Sé que hay otros legisladores gays y lesbianas, pero no sé si están, hoy por hoy, dentro o fuera del armario. Quizás no tuvieron la oportunidad de expresarse, y si teniéndola no lo hacen, es porque todavía tenemos mucho por hacer. El ocultamiento, silencio o falta de visibilidad se debe a la estigmatización y la discriminación que todavía hay en la sociedad. Avanzamos mucho en el reconocimiento de derechos, pero todavía nos queda terminar la batalla que se da en la educación, la cultura y los medios de comunicación, para que ellos y otras personas puedan ser realmente libres. Por otro lado, estos legisladores también pueden pensar que hablar de su sexualidad no tiene nada que ver con su rol en la política. Yo creo que lo personal es político y la propia experiencia, sobre todo aquella relacionada a la discriminación y la exclusión, forja nuestra mirada política.
Lo que no me cierra es que Buenos Aires es una ciudad bastante “friendly”, ¿por qué tanto miedo?
Pero en los espacios más íntimos —familia, trabajo, escuela, universidad, una organización o partido político—, las expresiones discriminatorias aún continúan, y eso todavía genera temor.
¿Creés que alguno de los legisladores que son gays se perjudicarían políticamente o perderían votos si lo dijeran?
No. Pero no se qué puede pasar al interior de sus organizaciones y cómo opera la discriminación en cada espacio en relación a sus posibilidades de crecimiento. En estos casos, el miedo a perder oportunidades es, en general, mayor a las posibilidades reales de que eso ocurra, pero seguramente está fundado en experiencias anteriores. En la mayoría de los casos, todos sabemos que son gays o lesbianas, pero como no lo dicen ellos mismos, “de eso no se habla”. Igualmente, la mayoría apoyó, por ejemplo, el matrimonio igualitario.
¿Aportaría algo que sus armarios se abrieran?
¡Por supuesto! La visibilidad siempre aporta. Hay ejemplos importantes, como cuando Sandra y Celeste salieron del armario, hace ya muchos años, o aquella nota de Osvaldo Bazán en Noticias, donde varios referentes sociales y culturales hicieron pública su orientación sexual y Osvaldo termina la nota haciendo pública la suya. Estos ejemplos no sólo han contribuido con la militancia, sino que también marcaron la vida de muchas personas de manera positiva. Los referentes sociales positivos pueden colaborar con la aprobación de una ley, pero también pueden evitar un suicidio. Si todos fueran conscientes de eso, seguramente habría más referentes fuera del armario.
¿Lo hablaste con alguno?
No, porque entiendo la discriminación. Si no entendiera su realidad, no tendría claro desde dónde parte mi trabajo.
Tu candidatura a legisladora tuvo mucho que ver con el protagonismo que tuviste, como presidenta de la Federación Argentina LGBT, en la campaña por el matrimonio igualitario. ¿Qué balance hacés de esa historia?
¡Fue una de las experiencias más importantes de mi vida! No sólo haber contribuido con la aprobación de la ley, sino también haber podido construir con compañeros y compañeras una fuerza nacional que diseñó la mejor estrategia para lograrlo y —más allá de las diferencias, con un fuerte objetivo por delante— hizo todo lo que tenía que hacer por la igualdad para nuestra comunidad y nuestras familias. Estoy orgullosa de esa construcción, que es la Federación, y de cada una de sus organizaciones y militantes. Por supuesto no lo hicimos solos: uno de los logros más importantes de esa construcción es el haber convocado a otras organizaciones, referentes, al Estado y a gran parte de la sociedad a ser parte de ese reclamo.
El diputado Olmedo, después de todas las barbaridades que dijo durante el debate de esa ley, ahora propone que las listas de candidatos/as al parlamento tengan un “cupo gay”. ¿Qué opinás?
Lo tomo como una cuota de reflexión de su parte… ja ja ja… y espero que haya comprendido sus errores, pero no creo que sea necesario un “cupo gay”. Sí creo que es importante que los espacios de decisión reflejen la diversidad que hay en la sociedad, pero si hacemos un “cupo gay” tenemos que hacer decenas de otros. No creo que sea la mejor estrategia.
Tu candidatura fue una elección personal de Cristina Kirchner, un poco resistida por algunos sectores del kirchnerismo porteño. Pocos días después del anuncio, tu renuncia en el INADI y el cruce de acusaciones con Morgado impidió que tuvieras en la campaña el protagonismo que probablemente hubieras tenido. ¿Qué fue lo que realmente pasó?
Como en todos los espacios políticos y humanos, hay internas. Hay gente que quería que yo estuviera en la lista y gente que no, y hay otros que habrán querido y quieren ocupar este espacio. Pero prefiero no darle importancia a esas cosas, no construyen, no sirven y suelen demandar mucha energía. Lo que sucedió es que hice lo que tenía que hacer y estoy sumamente orgullosa de haberlo hecho. Por supuesto, los tiempos no los elegí yo. No podía quedarme en un espacio en donde se sucedían hechos graves relacionados al uso de los recursos del Estado y, producto de nuestra firme oposición a esto y nuestra investigación para denunciarlo, había situaciones de violencia física hacia mi propio equipo. Irme en silencio me hubiera convertido en cómplice de lo que estaba pasando y esa no es una posibilidad para mi bajo ningún punto de vista. Lamentablemente, los medios reflejaron el tema a partir de sus necesidades y deseos electorales. Pero insisto, los tiempos no los elegí yo. Después, decidí hacer campaña a través de otros espacios y no a través de los medios, para no centrar el debate en lo que había pasado en el INADI y poder hablar de las necesidades de la ciudad de Buenos Aires. Participé de las actividades en las comunas, recorrí las mesas, hablé con la gente en la calle… espacios donde no hay posibilidad de manipulación alguna en la intermediación con la gente.
¿Volviste a hablar con Cristina?
No directamente, sino a través de otras personas. Espero poder reunirme con ella por otros temas. No es fácil. ¡Por suerte tenemos una presidenta que está en todo!
¿Te arrepentís de algo con relación a lo sucedido en aquellos días?
Lamento que las cosas sucedieran de esa manera. Nosotros intentábamos esperar más tiempo para tener más elementos y hacer las cosas de otra manera. Lamentablemente, Morgado eligió acudir a los medios y tuvimos que salir a explicar lo que estaba pasando. Pero estoy absolutamente segura de que en cada momento tomamos el camino que nos señalaba la coherencia y la honestidad.
¿Morgado es corrupto?
Deberán determinarlo la Oficina Anticorrupción y luego la justicia. Pero hay algo que tiene que quedar claro: nosotros vamos a seguir el tema hasta las últimas consecuencias y vamos a trabajar profundamente todo lo relacionado a la transparencia en el uso de los recursos del Estado. Estamos diseñando proyectos de ley y propuestas de políticas públicas en ese sentido. No es un tema menor: cada centavo que pueda estar quedándose ilegítimamente un funcionario en cualquier ámbito de la política es menos salud, menos educación y menos derechos para las personas.
¿Cómo quedó tu relación con el bloque kirchnerista?
Siempre fue muy buena. Con algunos nos estamos conociendo, con otros venimos trabajando hace mucho. Por ejemplo, con Tito Nenna presentamos el proyecto de confidencialidad en el pago de cuotas escolares, que es una preocupación que traíamos desde nuestra experiencia en el INADI, y con María José Lubertino venimos trabajando juntas hace años por nuestra militancia en los temas de género y diversidad sexual. Presenté con ella los proyectos relacionados al derecho al aborto.
¿Qué destacarías de tu paso por el INADI, en las distintas funciones que ocupaste?
Trabajé en el INADI desde el 2006. Lubertino nos convocó a varios referentes de distintos movimiento sociales a, prácticamente, reconstruir el organismo. De un pequeño espacio gubernamental con territorialidad sólo en la Ciudad de Buenos Aires, pasó a ser un organismo nacional reconocido con sede en todas las provincias. En ese camino, había concepciones distintas hacia dentro, que se debatían constantemente. Una mirada “institucionalista” de quienes consideran que la política pública tiene que ser orientada por “técnicos” desde el discurso de la “no-política”, reduciendo la política a lo partidario, y otra mirada desde la militancia, de quienes consideramos que la política pública tiene que estar orientada por militantes sociales y políticos asistidos, en todo caso, por técnicos y especialistas. A lo largo de las distintas gestiones logramos desarrollar un organismo fuerte con tres ejes principales: el compromiso con el reclamo de cada uno de los movimientos sociales de los grupos vulnerados por la discriminación, la participación activa de estos movimientos en el diseño e implementación de las políticas públicas y el respeto a los derechos de los trabajadores. Por supuesto, aún queda mucho por hacer en los tres ejes, pero en nuestra gestión conseguimos mucho.
¿Y cómo ves al INADI hoy, con Pedro Mouratian?
Tenemos miradas distintas. Él fue el vicepresidente con Lubertino y después con Morgado durante más de un año —yo sólo estuve cinco meses como vicepresidenta—, pero durante los años que duró su vicepresidencia es innegable que los referentes sociales con más trayectoria teníamos diferencias con él. De todas formas, el INADI es parte de un Estado y un proyecto político, cuya conducción tiene lineamientos muy claros respecto del valor de la militancia y la igualdad.
Muchos kirchneristas hablan del matrimonio igualitario como un logro del Gobierno y muchos opositores dicen que el Gobierno se apropió de una bandera que no era suya. Sabes que no comparto ninguna de esas visiones, pero me gustaría que explicaras la tuya.
Creo que, como dijo la Presidenta, el matrimonio igualitario es un logro de toda la sociedad. Principalmente de las organizaciones sociales que llevamos adelante el trabajo por la igualdad y convencimos también al Gobierno de que el reclamo era justo, necesario y oportuno. Pero dentro de esa sociedad está, sin dudas, el Gobierno, sin el cual no habríamos logrado ni la mitad de lo que logramos. Kirchner y Cristina apoyaron el camino hacia la igualdad desde el principio. Primero generando las condiciones, poniendo a disposición nuestra no sólo el INADI, sino todo el Estado nacional. Luego participaron activamente en el debate, tanto ellos como el ex ministro Aníbal Fernández… ¡y ayudaron a tener los votos en el Congreso! Vos lo relatás y describís muy bien en tu libro “Matrimonio Igualitario”, desde la mirada de quienes, como vos, hemos sido los protagonistas, los militantes sociales. Me enorgullece que el Gobierno nacional levante la bandera del matrimonio igualitario como un logro propio, me emociona escuchar a los funcionarios y funcionarias nombrarlo como uno de sus principales logros. No debería molestarle a nadie. Que el Gobierno lo levante como bandera no implica que no puedan hacerlo también, como un logro propio, otros sectores sin los cuales tampoco hubiera sido posible el matrimonio igualitario: el Partido Socialista, que presentó el primer proyecto de ley junto con la FALGBT, el EDE, que lo trabajó junto con las organizaciones, otros referentes de distintos partidos políticos, referentes gremiales, estudiantiles, de la cultura, el arte, la ciencia, la academia… ¡Ojalá todos y todas lo sientan como un logro propio!
Imaginate por un segundo que militás en la oposición y tenés que señalar las deudas del Gobierno con la comunidad LGBT… ¿Qué dirías?

Primero diría que no tengo una tarea fácil… ja ja ja… Me pondría a repasar las demandas históricas de los movimientos de diversidad, los objetivos con los que se creó la FALGBT, y me encontraría con que el matrimonio igualitario ya fue sancionado y Argentina inclusive permite el matrimonio de turistas; nuestra ley de identidad de género es la mejor en el mundo, porque no convierte a la identidad trans en una patología y respeta la voluntad y autonomía de las personas; la ley antidiscriminatoria tuvo media sanción y seguramente hoy habría que plantearse una mucho más avanzada; logramos derogar todos los artículos de los códigos contravencionales que criminalizaban la homosexualidad y el travestismo en más de diez provincias, la diversidad sexual es parte de los materiales de educación sexual del Ministerio de Educación de la Nación… y desde casi todos los ministerios se desarrollan políticas públicas relacionadas a la diversidad sexual junto con las organizaciones y los movimientos sociales…
Pero te pregunté por las deudas, no por los logros…
Sí, sí, quedan algunas deudas… Falta modificar el formulario del Ministerio de Salud que prohíbe a los varones gays donar sangre y tenemos que seguir generando y profundizando políticas de educación, salud y trabajo que contribuyan a la batalla cultural por la igualdad social y garanticen el acceso a todos los derechos. Hay otras deudas que incluyen pero no terminan con la comunidad LGBT. Y creo que este es el gobierno que tiene la capacidad para saldarlas. Por su conocimiento, por sus decisiones pero fundamentalmente por la valentía para priorizar los intereses de los ciudadanos por encima de los intereses de grupos concentrados de poder.
María, cuando te conocí, hace muchos años, eras bastante crítica del gobierno de Kirchner y habías sido candidata por el Partido Obrero. ¿Qué te llevó a hacerte kirchnerista?

¡Los hechos! No sólo el matrimonio igualitario… Después de las nefastas experiencias de gobiernos que traicionaron al país y al pueblo argentino, adherí al reclamo de “que se vayan todos”… Eso fue lo que expresaba mi candidatura en el 2003. No le creía a nadie, tampoco a Kirchner. Pero, por suerte, me equivoqué. Me lo demostró la política de derechos humanos, el alejamiento del FMI, el modelo económico productivo, la ley contra la violencia hacia las mujeres, la asignación universal por hijo, la nueva ley de migraciones, la ley contra la trata, el plan nacional contra la discriminación, la ley de medios, el matrimonio igualitario, etc. ¡Me enorgullece ser parte de este proyecto!
¿Qué significaría, para tus expectativas, profundizar el modelo?

En primer lugar, avanzar en la lucha contra la pobreza, profundizando un modelo económico productivo que genere empleo y proteja la producción nacional. Por otro lado, el reconocimiento a los derechos que faltan, promoviendo leyes y generando políticas. Muchas de estas leyes fueron nombradas por la Presidenta en la apertura de Asamblea Legislativa: una ley de adopción que acerque a los niños y niñas a las familias y personas que quieren adoptarlos, una ley de divorcio que respete la libertad de las personas, una ley de fertilización asistida y mater/paternidad subrogada que ayude a las familias que quieren tener hijos, la ley de propiedad comunitaria de las tierras de los pueblos indígenas, entre otras. También tenemos deudas en otras materias más complejas. Falta un profundo debate sobre minería a cielo abierto, el reconocimiento de los veteranos de la guerra que estaban en el continente, una red ferroviaria nacional que garantice el transporte como un derecho y no como un negocio, un profundo debate sobre la legalización de la marihuana y la modificación de la ley de drogas, la legalización del aborto, etc.
Reforma constitucional: ¿sí o no?

Si, por supuesto. Tenemos que derogar el artículo 2º si queremos ser un Estado laico. Es discriminatorio y atenta contra la diversidad religiosa y la independencia entre el Estado y la Iglesia. Muchos argentinos y argentinas no son católicos, o aun siéndolo, no quieren que sus impuestos vayan a sostener una estructura y una jerarquía que muchas veces atenta contra sus propios derechos. En muchos países del mundo, la gente puede elegir a qué organizaciones ayudar y en qué porcentaje.
¿Qué pensás sobre la reelección?

Si la mayoría quiere volver a elegir a una candidata determinada, no debería haber norma alguna que vaya contra esa voluntad popular. Dejemos que decida la gente entre todas las opciones posibles.
¿Y a vos a quién te gustaría ver de candidato o candidata en 2015?

Mirá, tengo entendido que Cristina no quiere ser candidata en el 2015, ni quiere que digamos que queremos que lo sea… pero creo que la mejor candidata es ella.
Volviendo a la agenda LGBT, ¿cómo explicarías el consenso que tuvo la ley de identidad de género?

Creo que, en gran medida, además del trabajo de décadas de muchas organizaciones, también fue producto del debate del matrimonio igualitario. Por eso decidimos ir por esa ley primero. La ley de identidad de género era difícil de instalar y de explicar de cero. Había conceptos que la gente todavía no entendía. El matrimonio igualitario nos permitió instalar el tema de los derechos de la diversidad sexual en general, difundir información y sensibilizar a la población sobre estos temas. Generó un avance cultural que hoy se ve en la aprobación de la ley de identidad de género prácticamente por unanimidad.
Ahora, como legisladora porteña, ¿en qué temas estás trabajando?
En muchos, por ejemplo, una ley integral de adultos mayores, otra de personas trans, el aborto no punible, fertilización asistida, discriminación en las escuelas, y también estamos trabajando algunos proyectos de seguridad que creo van a ser un aporte interesante y que están en sintonía con las políticas nacionales. La seguridad es uno de los temas que quiero trabajar en profundidad. Creo quienes tenemos una mirada desde la militancia en derechos humanos a veces nos equivocamos en la comunicación y subestimamos una legítima preocupación de los ciudadanos. Por supuesto, los derechos humanos y la inclusión social son la respuesta más contundente contra la inseguridad, pero puede ser una respuesta a largo plazo para quienes hoy necesitan garantizar derechos tan importantes como la vida y la integridad. Entonces, hay que complementar esa mirada con ideas y proyectos concretos de prevención que pueden ser muy eficaces sin ser represivos o lesivos de los derechos humanos. Contraponer seguridad a derechos humanos, además de ser absolutamente ridículo, porque la vida y la integridad también son derechos humanos, es una mentira que sólo es funcional para quienes utilizan ese discurso para justificar políticas represivas que en general son también ineficaces y no evitan el delito.
Dame ejemplos de proyectos de ley que ya presentaste o estás preparando…
El de confidencialidad en las cuotas escolares, por ejemplo, establece que toda la información relacionada al pago de las cuotas en los colegios privados debe ser reservada. El conocimiento de la situación financiera de cada alumno en relación a la escuela por parte de docentes y otros alumnos genera situaciones de discriminación y estigmatización muy crueles que pueden evitarse. También presentamos un proyecto de aborto no punible que establece sanciones para quienes obstaculicen el ejercicio de los derechos que la ley nacional ya reconoce, y un proyecto de fertilización asistida que garantiza el acceso a todos los procedimientos a través de obras sociales y hospitales públicos dependientes de la Ciudad. También estamos presentando proyectos a nivel nacional.
Por ejemplo…
Presentamos un proyecto de legalización de la marihuana y modificación a la ley de drogas. La prohibición es la peor política pública en materia de salud. Y es hipócrita. La legalización del tabaco y el alcohol no guardan relación con la persecución, el hostigamiento y la criminalización que viven las personas que consumen marihuana. No tiene ningún sentido que yo pueda tener flores y plantas de floripondio (una planta que puede ser utilizada como alucinógeno y que tienen muchas señoras y señores en sus jardines) y no pueda tener una planta de marihuana. También vamos a presentar otros proyectos nacionales contemplados en la propuesta del nuevo Código Civil que presentó la Presidenta. Por ejemplo, una ley que permita divorciarse a través de un trámite administrativo (no judicial) y de manera unilateral, rápida y gratuita; una ley de fertilización asistida tratando de mejorar la propuesta aprobada el año pasado; una ley de mater/paternidad subrogada; una ley por el derecho al aborto; algunas propuestas para debatir una nueva ley de adopción y filiación… También estamos analizando y elaborando una propuesta de ley de alquileres, la posibilidad de un banco de los trabajadores/as, la estatización de los trenes controlada por trabajadores y usuarios, entre otras.
¿Qué esperás haber conseguido cuando termine tu mandato como legisladora?
Espero haber contribuido en la profundización de un proyecto de país que nos incluya a todos y todas, haber colaborado con el avance en el reconocimiento y el respeto de los derechos de todas las personas y en la lucha contra la discriminación y la pobreza en la Ciudad y en todo el país. Espero lograr el consenso suficiente para aprobar leyes locales importantes en materia de derechos humanos, y poder hacer aportes desde lo legislativo para contribuir a mejorar la seguridad en la Ciudad, entre otras cosas.
¿Y después? ¿Dónde te gustaría estar de acá a 10 años?
Uy… no sé… Creo que en un poco menos de ese tiempo me gustaría estar trabajando en algún lugar tranquilo, dedicándome a mi familia… ja ja ja… Siempre voy a estar aportando, pero desde un ámbito más saludable…
Ahora, en serio…
Si no lo logro… creo que me gustaría estar haciendo aportes a los debates nacionales desde una banca en el Congreso de la Nación.
¿Cómo ves al gobierno de Macri?
No solamente es ineficiente y no ha podido dar respuesta a las necesidades de los ciudadanos, sino que además todas sus iniciativas están orientadas a generar algún negocio para su familia o sus amigos. No soluciona el tema de la seguridad, a pesar de que creó una fuerza con 2800 policías. No soluciona el tema de la basura, ni de la vivienda, ni del transporte. En toda su gestión no hizo ni un diez por ciento de los metros de subte que dijo que iba a construir por año y dice que no puede hacerse cargo de un transporte netamente porteño como los subtes. Los hospitales y escuelas se caen a pedazos y no ha generado políticas públicas ni en educación ni en salud. Se dedicó a hacer “playas”, bicisendas y pistas de patinaje sobre hielo que pueden ser muy bonitas y hasta positivas, pero no resuelven ninguno de los problemas fundamentales de los habitantes.
Si es tan malo, ¿por qué gana con tantos votos?
Creo que, como oposición, fallamos en la comunicación, en lo que le decimos a la gente en el día a día. Centramos demasiado nuestra atención y nuestro discurso en lo que no hace, o en lo que hace mal, el Gobierno de la Ciudad, y comunicamos poco qué y cómo lo haríamos nosotros. Cuando lo hacemos, nuestro discurso, a veces por sus formas, no es el más permeable, genera resistencias. Estoy segura de que no logramos llegar a mucha gente con la que estaríamos de acuerdo si pudiéramos comunicar mejor.
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Entrevista realizada por Bruno Bimbi
Queens & Kings

¡Felices VeintioCHA!


“Esos que van ahí, son de la CHA”, dicen dos señoras en Palermo señalando a dos chicos que van de la mano. La palabra “cha”, como eufemismo, como orgullo y como un espacio institucional de militancia ya está arraigada en la sociedad argentina. Este año se cumplieron 28 años de su nacimiento. César Cigliutti, presidente de la CHA, mientras apaga las velitas reflexiona, festeja y hace balance sobre lo que fue y será.
¿Cómo era ser gay hace 28 años?
—En 1984, recién volvía la democracia, todos creíamos que ella iba a garantizar automáticamente los derechos para todxs pero eso no sucedió. Por esa época se empezaron a inaugurar los primeros lugares de encuentro de nuestra comunidad pero volvieron las razzias sistemáticas y violentas. Caía la policía, cortaba la música de los boliches y prendía las luces, y se llevaba la cantidad de gays y lesbianas que entraran en los patrulleros. Te llevaban detenido y si tenías antecedentes de violar tres edictos policiales, ibas a la cárcel de Devoto. En esa época el activismo era muy desafiante. Todas las actividades eran ocultas, se comunicaban entre amigos. En ese momento no existía Internet y tampoco todo el mundo tenía teléfono. Ahora parece una locura pero nos mandábamos cartas y telegramas. Era una época en la que todo era artesanal. Durante muchos años la figura pública fue Carlos Jáuregui, el presidente de la CHA en ese entonces, y todos estábamos detrás de las bambalinas. Yo lo acompañaba a los programas de TV y le preguntaban cosas como: “¿Cuándo van a reconocer que están enfermos?” Nuestro discurso por esos años era explicar que no estábamos enfermos.
¿Cómo nació la CHA?
—El primer objetivo, cuando se formó la CHA, era hacer algo frente a los edictos policiales que nos ponían en esa época por ser gays. La CHA surgió a partir de esas primeras reuniones. El primer objetivo fue empezar a constituir la primera comunidad homosexual en la Argentina, con ese nombre, que es el que mantuvimos hasta hoy. En esa época la palabra “comunidad” no estaba muy de moda y menos lo estaban las palabras “homosexual” y “argentino”. Al principio había muchos grupos. Algunos venían del FLH. Y se reunían de manera clandestina. Yo todavía no participaba de las asambleas en esa época. Se empezó a trabajar institucionalmente y se eligió como presidente a Carlos Jáuregui y él fue durante décadas el único referente con nombre y apellido para nuestra comunidad. Había un costo muy fuerte para una persona en poner el cuerpo, decir tu nombre y apellido, y decir que era presidente de la CHA. No había ningún rédito, al contrario. En otra asamblea se decidió ubicar nuestro reclamo en el marco de los derechos humanos, lo cual fue también una gran conquista.
¿Las tres acciones más importantes que impulsó la CHA en estos años?
—Sucedieron muchas cosas en estos 28 años y la verdad que fue bastante rápido. Primero, impulsar nuestra personería jurídica porque fue el primer antecedente legal en la Argentina de un acto parecido llevado a cabo por nuestra comunidad. Fue la primera vez que el Estado reconocía algo de nuestra comunidad, en este caso, una institución. Después se elevó a la Corte Suprema y la Corte dijo que no. Y terminó saliendo años después por decreto. A partir de ese antecedente, otras organizaciones que fueron apareciendo pudieron tener la personería jurídica. Una vez que incluimos nuestro discurso en el ámbito de los DD.HH., empezó toda una estrategia jurídica, de desjudicializar y proponer proyectos de ley. Hubo hitos importantes como el artículo de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires que prohíbe la discriminación sexual, la Ley Unión Civil, hasta llegar a la ley de matrimonio igualitario y la Ley de Género. Pero la verdad es que para mí la más importante es, sin duda, la Marcha del Orgullo.
¿Por qué la marcha?
—Porque me enorgullece que hayamos impulsado algo así hace más de veinte años. Era totalmente atrevido. Incluimos también a las chicas travestis. Pensamos ponerle “Marcha de la Dignidad” porque en esa época la palabra “orgullo” no se usaba. Pero pensamos: “Si la gente puede sentirse orgullosa de ser arquitecto, de lo que sea, nosotros también tenemos que estar orgullosos de ser gays y lesbianas con lo que nos costó asumirlo y mostrarlo”. Hablar de “orgullo” era poner en la vereda de enfrente la vergüenza y el insulto. A mucha gente, hasta gente de nuestra comunidad, le pareció muy fuerte al principio.
¿Cuándo se incluyeron las identidades lesbianas, trans, intersexuales?
—Las lesbianas estuvieron desde siempre, las trans tardaron un poco más. En los primeros años de la CHA, las travestis no se acercaban a las organizaciones y nosotros tampoco a ellas. Pero hace 17 años hubo una serie de encuentros nacionales que se hicieron primero en Buenos Aires y luego en las provincias, y ahí estuvimos conviviendo con las chicas travestis, transexuales y demás, y los prejuicios fueron cayendo. Al principio decíamos que las travestis eran otra cosa, que nosotros no teníamos conflictos con nuestra identidad de género. En fin, estupideces, prejuicios de principiantes. La incorporación de todas las identidades de género fue muy enriquecedora para todxs.
¿La acción más delirante?
—Todo era, o parecía, delirante al principio. Alquilar una sede fue un delirio. Cuando le decías al dueño para qué queríamos el espacio, nos sacaban corriendo. Hubo que empezar de cero. A los antecedentes del FLH los pudimos capitalizar mucho después del ’84. Porque la dictadura había cortado totalmente toda tradición activista. Cada pequeña cosa que queríamos hacer era un delirio, y cada pequeño paso, un logro gigante. Todo lo que hicimos por esos años fue delirante y valiente. Tal vez el juicio al arzobispo Quarracino fue bastante osado, cuando dijo que los homosexuales nos teníamos que ir a una isla.
Primeros pasos. La primera mesa pública que puso la CHA en un acto de los derechos humanos contó con la presencia de Carlos Jáuregui y César Cigliutti quien recuerda: “Armamos la mesa con un tablero de dibujo que era mío y cuando la montamos se produjo un gran silencio porque todos pensaban ¿qué hacen estos acá? Pasaban y nos decían: ‘Mirá, yo soy comunista pero no soy puto’”.
¿Errores? ¿Arrepentimientos?
—A riesgo de sonar poco humilde, me parece que no. Sobre todo porque siempre, desde el principio, todo lo decidimos en asamblea, cada pequeña cosa. Además, al ser tan debatidas, todas las decisiones tienen un margen de error mínimo. Claro que a finales de los ’80 los planteos eran mucho más moderados y básicos. Jamás se nos habría ocurrido por esa época plantear una ley como la de identidad de género, porque en ese momento luchábamos para no ir presos y presas. Imaginate... ésa era la prioridad. A algunos gobernadores les debemos más que a otros, pero detrás nuestro no hay ningún partido político. Lo que queremos desde hace 28 años, y por lo que luchamos, es la igualdad de todas las personas ante la ley más allá de su sexualidad. Puede ser que haya sido más o menos afortunada alguna acción o alguna declaración pero creo que no hay nada de lo que debamos arrepentirnos.

Los tres deseos

¿Qué se viene en el activismo después del matrimonio igualitario y la Ley de Género?
—Tratamos de separar los avances que se dan en el plano de lo jurídico. Porque lo que falta es avanzar en contra de la homo/lesbo/transfobia. En ese terreno hay mucho para hacer, hay que ir por la educación sexual, por lo cultural, para quitar de los ámbitos sociales tantos prejuicios. La aparición de estas leyes no hace que la gente cambie su cabeza de un día para el otro. Hoy todavía sigue generando problemas que las parejas expresen su afecto públicamente. Todavía muchos niños y niñas no la pasan bien en el colegio, no están libres de la discriminación. Hay que revisar qué pasa en la televisión donde se discrimina tanto. Alcanza con mirar un rato de tele para ver cómo los conductores de espectáculos pueden decir cualquier cosa, hacer chistes muy ofensivos y no pasa nada. En ese plano falta mucho. Hay que ir por, como diría Cristina, la sintonía fina.
Informe: Dolores Curia
Vía/Soy

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